La revista ‘The Journal of the National Cancer Institute’, publicó un trabajo sobre los cardiólogos y oncólogos para que trabajen juntos sobre la protección del corazón en los pacientes con cáncer, quienes deben afrontar graves secuelas por algunos fármacos oncológicos.
Adriana Albini, directora de Investigación del Instituto Multimédica de Milán, realizó una revisión para tratar de ‘desentrañar qué fármacos son los que provocan más secuelas cardiacas’, ‘cómo se puede identificar a los pacientes de mayor riesgo y qué podría hacerse en el futuro en el terreno de la prevención’.
Su pedido en el último JNCI , fue dirigido para que ‘oncólogos y cardiólogos trabajen juntos, en equipos multidisciplinares capaces de evaluar a los pacientes desde que se les diagnostica el cáncer hasta que abandonan la consulta de oncología y deben empezar su seguimiento’.
Emilio Alba, presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), informó a los medios que “habría que distinguir entre los pacientes jóvenes o de mediana edad que pueden sufrir problemas de corazón a largo plazo como consecuencia de ciertos fármacos; o los ancianos que ya tienen alguna patología cardiovascular de base cuando se les diagnostica un tumor”.
Además agregó que “Mientras en el primer grupo es fundamental la prevención y de ser capaces de montar un sistema de asistencia inteligente para prevenir y detectar a tiempo las complicaciones; en el caso de pacientes cardiacos, hay que saber ajustar los tratamientos contra el cáncer para evitar administrarles los fármacos más cardiotóxicos y aquilatar bien el balance entre riesgos y beneficios”.
La doctora Albini finalizó en el artículo con que “Los oncólogos de hoy en día deben estar atentos para evitar complicaciones cardiovasculares; mientras que los cardiólogos deben estar preparados para ayudarles a elegir la mejor opción de terapia”.
La revista ‘British Medical Journal’ publica un artículo sobre el tema, alertando que “los niños tratados de un cáncer pueden tener problemas de corazón incluso transcurridos 30 años”.
Y que “Por eso, ésta debe ser otra población en la que se recomienda una vigilancia estrecha con revisiones cardiacas cada cinco años, para evitar que el daño cardiaco sea el precio a pagar por sobrevivir al cáncer”.


