El equipo de Abel Alves pagó caro sus errores defensivos y pese a las buenas actuaciones de sus principales figuras, Argentinos le terminó empatando con un gol en el último minuto.
Arrancó mejor el Bichito, provisto de humildes armas pero superando levemente a un Boca que no encontraba la brújula. El “supercriticado” Abbondanzieri tuvo que sacar a relucir sus reflejos ante un disparo de Calderón, y neutralizar algunas llegadas de riesgo con buen oficio.
De a poco, muy de a poco, el reloj de Boca comenzó a engranar y así el mediocampo compuesto por Méndez, Erbes y Riquelme, fundamentalmente Riquelme, fue encontrando la pelota.
Un tiro de Román desde afuera del área provocó la pobre reacción de Peric, que le dejó la pelota servida a Palermo para que el incansable goleador, de zurda, sólo, haga lo que mejor sabe hacer.
Sin coordinación, con jugadores en expreso bajo nivel, y desorientada, así se encuentra la defensa de Boca. Tan pero tan lejos de aquellas añoradas de la década pasada que fueron pilar para los títulos logrados por la entidad.
Centro de Coria, nadie la saca, el pibe Ezequiel Muñoz sí, pero sólo para mandarla con la rodilla dentro de su propio arco. 1 a 1. Abbondanzieri no lo podía creer. Viejos fantasmas.
Párrafo aparte para el segundo gol de Boca. Para empezar, porque realmente pareció de otro partido: Riquelme, desde el borde del área sobre la izquierda, encaró para el centro y sacó un preciso remate (parece tan fácil cuando lo vemos hacerlo) que se metió al lado del palo, inatajable. Un verdadero golazo que Román no festejo, tal vez por su pasado en Argentinos, tal vez por la bronca de saber que es difícil remar contra la corriente.
Esa corriente se llama defensa. Esa corriente se llama falta de trabajo, o falta de oficio. Con Palermo y Riquelme afuera, corría el segundo minuto suplementario y Sosa no falló para el Bichito. 2 a 2. Boca no le encuentra la vuelta, aún cuando parecía que tenía todo listo para arrancar con el pie derecho.


